Si
alguna vez se preguntaron por qué estas últimas generaciones tienen mayor
tendencia a la ansiedad, a la depresión y al estrés (si bien también recae en
un sinfín de factores sociológicos) tiene que ver con factores fisiológicos.
Como humanos somos animales que nacimos para correr, saltar, cazar y
recolectar, es decir, mantenernos en constante movimiento. Sin embargo, las
propias condiciones de producción y consumo de hoy en día, nos obligan a estar
gran parte de nuestro tiempo sentados frente a una computadora, televisor,
teléfono. Ya sea el trabajo o el ocio, se dan de forma estática, pasiva.
El
sedentarismo es uno de los factores que mayores problemas trae consigo. Según
la Organización Mundial de la Salud, la inactividad produce un aumento del
apetito, por lo que, no solo no estamos contrastando la dieta con ejercicio
físico, sino que se suma la cantidad de comida que agregamos innecesariamente a
nuestra dieta debido a esto.
Cualquier
médico coincidirá en que la mayoría de las personas ingiere por día muchas más
grasas e hidratos de carbono de los que necesita. Esto se agrava cuando se le
suma el sedentarismo, que hace que, el poco ejercicio físico que realizamos,
nunca sea suficiente para mantener bajo control nuestro peso. Todo esto, sin
tener en cuenta que muchas veces no incluimos en la dieta la cantidad necesaria
de frutas, verduras y pescado que ayudarían a balancear la situación.
En
estas circunstancias poco a poco se va engordando y así se va convirtiendo en un
círculo vicioso. Las personas sedentarias además del aumento de peso suelen
tener dolores de espalda, de cuello o de riñones, esto se debe a que, la falta
de deporte repercute en una pérdida de masa muscular. Que en simples términos
significa una sensación de debilidad, de somnolencia, de dolor muscular.
La
persona sedentaria suele levantarse sin energía, llegar al mediodía cansada y
estar agotada por la tarde, algo que asimismo se convierte en una excusa para
no hacer deporte. Esas sensaciones combinadas, sumado al decaimiento y la falta
de autoestima, hacen que el círculo vicioso cierre en una negación al
ejercicio, que paradójicamente, es lo que más se necesita.
El
ejercicio da vitalidad, energía y es una fuente natural de endorfinas. El
objetivo no es tener el cuerpo perfecto pero si sentirse animado, fuerte y
tener energía para afrontar el día. Recuperar el vigor tan solo dedicando
algunas horas a la semana para trabajar en el propio cuerpo y sentirse bien.
Sobre todo lo más importante es romper el círculo vicioso que nos hace ver algo
natural el estar desganado, cuando no debería serlo. Somos animales hechos para
gastar grandes cantidades de energía por día, si estamos cansados por estar
sentados es porque necesitamos un empuje de endorfinas y poner a trabajar los
músculos.
Lic. Guillermo Fiorella
TAGS :

COMMENTS